Cada año que pasamos en la Tierra puede compararse con una marea que llega y luego se retira, trayendo consigo nuevos cambios, reflexiones y oportunidades.
Al igual que el mar, que nunca es el mismo, nuestra vida también atraviesa fases de crecimiento y reflexión, de calma y de tormenta. A veces sentimos que el tiempo fluye lentamente, como cuando la marea se retira y deja espacio para la quietud. En otras ocasiones, todo el Universo parece acelerarse, como las olas que se rompen en la orilla con furia y pasión.
Cada año trae consigo desafíos, sueños y transformaciones. Y así como las mareas, al retirarse, dejan en la arena dones inesperados — conchas, piedras pulidas, huellas de vida — también nosotros, después de haber atravesado nuestras propias “olas”, solemos encontrar sorpresas que no esperábamos: enseñanzas ocultas, nuevas relaciones y momentos de conciencia que nos enriquecen. Así como las mareas están influenciadas por la luna, nuestra vida también es moldeada por las experiencias y las emociones que nos atraviesan. Y como la marea que inevitablemente regresa, nosotros también encontramos siempre una nueva oportunidad de renacimiento, de evolución y de esperanza.
Cada año que pasamos en la Tierra es una invitación a reflexionar sobre lo que ha sido y a mirar con esperanza y curiosidad aquello que será. La Existencia entera está, al fin y al cabo, siempre en movimiento, siempre en busca de un nuevo equilibrio, igual que el mar que, mientras le cuenta una historia a la arena, dibuja un nuevo y maravilloso horizonte para el corazón.
Un abrazo ondulante.