Siempre hay emergencias, y en tu vida siempre habrá emergencias. Cada día las persigues, intentas resolverlas, limitar los daños, cuidar del mundo entero… hasta que te das cuenta de que la mayor emergencia te has convertido tú.
Qué fácil es olvidarse de uno mismo y pensar que el tiempo para ti vendrá después, cuando todo esté resuelto. Pero ese tiempo nunca llega. Y tu “Ser” espera: primero inspira, luego susurra, después grita a pleno pulmón y, finalmente, emerge con toda su urgencia. Te lo dice con claridad:
«Ahora solo tendrás ojos para mí. De lo contrario, vivirás una vida sin mí: la vida de otro.»
Si tú no estás, no vale la pena.
Si el amor hacia ti no viene primero, si no nace desde dentro y no te transforma por dentro, ¿cómo podría inundar al resto del mundo?
Sea cual sea tu historia, por mucho empeño que estés poniendo, date una oportunidad.
Deja ir el pasado, ya no existe. No te culpes ni siquiera por la forma en que has gestionado todo hasta ahora, porque tu manera te protegió cuando probablemente era la única posible.
Lo que ahora es necesario es tu compromiso contigo en el presente: comprometerte a descubrir cómo volver a ponerte en el centro.
Muchos creen que cuando todo se arregle encontrarán la paz, pero maravillosamente ocurre lo contrario: cuando encontramos la paz, entonces todo se ordena.
Cada día tienes una elección desde la cual recomenzar: ser tu prioridad o convertirte en tu propia emergencia.
Un abrazo valiente