Cuando alguien quiere tener razón a toda costa, hazle un regalo valioso: dale la razón.
Porque no es tu tarea convencer a quien no quiere escuchar, a quien desea seguir su propio camino o considerarlo mejor que el tuyo. Y si permites que las personas a tu alrededor tomen sus propias decisiones, te sentirás más ligero. Acepta simplemente que no puedes decidir por los demás, que no siempre podrás ayudar y aconsejar, y que si lo intentas, tarde o temprano te sentirás triste, frustrado, agotado.
Dale la razón a quien tiene una necesidad absoluta de tenerla y luego continúa a tu manera, como si nada hubiera pasado, mientras observas lo que ocurre.
Pronto verás que tener razón nunca ha servido realmente a nadie, que no basta — nunca basta. Porque quien tiene razón deberá comprometerse de inmediato a crear una realidad coherente con sus creencias y ver si realmente funciona, ponerla a prueba, ponerse a prueba a sí mismo. Cuántas cosas se descubrirán en el camino: toda razón deberá transformarse en verdad o en una experiencia necesaria para llegar a la verdad.
Aprende a soltar, a dejarlos seguir su propio camino. Y quién sabe, todas las vidas están entrelazadas entre sí; tal vez algún día se reencuentren y descubran que ambos tenían razón.
Si desean a toda costa tener razón, hazles — y hazte — un regalo valioso: dales la razón.
Un abrazo liberador